Cada año en el mes de marzo, nos sentamos a enfrentar las deudas que persisten hacia el género femenino en la sociedad, como también los avances que van acortando dichas brechas. En particular, veo con ojos de optimismo una política que tiene impacto directo sobre las mujeres como parte de la fuerza laboral: la ley Más Mujeres en Directorios, que tras ser aprobada en el Congreso Nacional en julio del año pasado, tiene previsto comenzar a aplicarse durante este 2026.
En Chile, las mujeres tenemos un 17,65% menos de probabilidades de acceder a cargos de liderazgo, contando además con menor influencia que los hombres en el ejercicio de éstos, con un promedio de 20,3 profesionales a cargo, número que es 2,7 veces mayor en el caso del género masculino.
Mucho he leído estos días a mis colegas respecto a lo que representa el liderazgo femenino para ellas y creo que hay muchas coincidencias entre nosotras: es imperativo y virtuoso que las mujeres seamos parte de la toma de decisiones para construir equipos colaborativos e innovadores, que fomenten la creatividad a partir de la integración de diferentes visiones. Una ley que fomente la representación femenina en directorios para que ésta tenga un incremento de su actual 16% a un paulatino 40%, tendría un impacto no sólo en la igualdad de género, sino también en la productividad y el crecimiento económico. Imposible no ser cierto lo anterior en un rubro como el marketing, donde la integración de diferentes miradas y la respuesta a necesidades antes no vistas como motores de la creatividad son elementos claves para la excelencia en nuestro quehacer.
Como mujeres líderes enfrentando estos cambios que paso a paso van sucediendo y que nos permiten evolucionar como sociedad y como industria, debemos vivir para cumplir con esta expectativa que tenemos colectivamente sobre nuestro liderazgo: ser agentes de una transformación cultural que combate sesgos al impulsar la diversidad de pensamiento. No solo por la búsqueda de la excelencia en nuestro rubro, sino también porque somos el ejemplo y la posibilidad para aquellas mujeres que vendrán después de nosotras. Cuando pienso en la herencia profesional que recibí de mi familia, mis hermanas han hecho muchos paralelos entre mi carrera y la de mi padre, lo cual me enorgullece por su sentido del deber, su ética profesional y su ambición. Pero a mi cabeza vienen también mis profesoras de la facultad quienes también tenían destacados cargos en medios de comunicación, la directora de la escuela y también mi querida tía y por supuesto mi madre, gerenciando una planta de producción química. Todas ellas generaron en mí el anhelo de ser unA profesional destacadA.
No solo necesitamos una ley. Necesitamos mujeres que creen en nuestras cabezas, en el consciente colectivo, la posibilidad y el deseo de ser líderes, para querer y hacernos merecedoras de ese espacio.
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