Columna de Tatiana Orloff – Gerente de operaciones Kantar IBOPE Media
En la industria del marketing y la publicidad digital suele hablarse de creatividad, innovación, datos y estrategia. Sin embargo, existe un espacio donde ocurre la verdadera articulación del negocio y que rara vez recibe la visibilidad que merece: la operación. Y es precisamente en ese espacio donde miles de mujeres sostienen, impulsan y transforman silenciosamente la industria, liderando equipos, procesos y flujos críticos que permiten que las ideas se conviertan en resultados.
En un entorno donde la velocidad, la precisión y la adaptabilidad son esenciales, el liderazgo femenino en operaciones se convierte en un diferencial cada vez más estratégico. Las mujeres aportan una visión integradora que equilibra la eficiencia con la empatía, la estructura con la flexibilidad y el análisis con la intuición. Esta combinación es especialmente valiosa en un contexto saturado de datos y presionado por la inmediatez, donde la capacidad de tomar decisiones con perspectiva humana marca la diferencia.
Pese a estos aportes, la brecha es evidente: la operación es un espacio donde las mujeres participan intensamente, pero no siempre ocupan los roles que realmente definen el rumbo. Muchas lideran equipos completos y manejan procesos críticos, pero su influencia no siempre se refleja en la mesa donde se diseñan las estrategias de alto nivel. Es una contradicción que la industria debe enfrentar con urgencia si busca avanzar hacia estructuras más modernas, diversas y competitivas.
Hoy, visibilizar el liderazgo femenino en operaciones no es solo un gesto de reconocimiento: es una necesidad empresarial. Numerosos estudios globales han demostrado que los equipos liderados por mujeres tienden a ser más cohesionados, más resilientes y más efectivos en la resolución de problemas, especialmente en ambientes complejos y altamente cambiantes. La publicidad digital, con sus ciclos cortos, múltiples plataformas y constante evolución tecnológica, es un claro ejemplo de ello.
Además, la perspectiva femenina aporta algo que la industria necesita más que nunca: claridad. En un ecosistema donde los procesos se aceleran, las herramientas se multiplican y las expectativas aumentan, el liderazgo femenino permite filtrar lo esencial, priorizar lo relevante y mantener el foco en la experiencia humana detrás de cada decisión. Esa claridad operativa se traduce en mejores procesos, mejores productos y, en última instancia, mejores resultados para marcas, agencias y consumidores.
Empujar este liderazgo implica más que abrir espacios; requiere construir culturas donde las mujeres puedan influir desde su propia forma de liderar. Implica revisar estructuras, desafiar sesgos y permitir que las capacidades operativas se valoren con la misma importancia estratégica que la creatividad o la performance. Cuando una mujer lidera operaciones, no solo gestiona procesos: habilita visión, impulsa cambio y sostiene el futuro del negocio.
Este 8 de marzo, la invitación es clara: no basta con celebrar el liderazgo femenino; es momento de reconocer su rol estructural en la operación y potenciarlo para transformar la industria desde su base más crítica.
El futuro del marketing digital es diverso, y en su corazón operativo, las mujeres ya están marcando el camino.
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