Columna por Karla Quintero-Bonilla –
Hablar de liderazgo femenino hoy ya no puede limitarse a una simple discusión de género. La conversación debe avanzar hacia el impacto real, la meritocracia, la calidad en la toma de decisiones y los múltiples roles que desempeñamos las mujeres profesionales, especialmente aquellas que, en paralelo, ejercemos la maternidad.
En industrias como la nuestra, marcadas por la presión constante por resultados, métricas exigentes, inmediatez, innovación y adaptación permanente, liderar requiere mucho más que conocimientos técnicos, exige visión estratégica, capacidad analítica, gestión emocional y una sólida habilidad para administrar recursos, tiempos y equipos en entornos de alta incertidumbre.
Las mujeres que lideramos en estos espacios no solo tomamos decisiones comerciales o estratégicas orientadas al negocio; también sostenemos equipos, gestionamos tensiones y alineamos expectativas, procurando que las organizaciones mantengan el rumbo incluso en escenarios complejos. Nuestra toma de decisiones implica ponderar riesgos, proyectar escenarios y equilibrar variables que trascienden lo operativo. En este contexto, el liderazgo femenino suele aportar una mirada integradora, donde la rentabilidad convive con la construcción de relaciones basadas en confianza, ética, colaboración y compromiso.
Sin embargo, no podemos ser ciegos ante brechas de género que en el año 2026 aún persisten.
En Chile, la participación de mujeres en cargos de dirección, gerencia y administración se ha mantenido en torno al 30% durante la última década, según informe “Zoom de Género” del OCEC UDP, ChileMujeres y la Cámara de Comercio de Santiago.
Esta cifra disminuye a cerca del 17% en posiciones de alta dirección, de acuerdo con el Informe de Género 2025 de la CMF. A ello se suma una brecha salarial que ronda el 14% (PwC, Women in Work 2025). Las cifras evidencian que, aunque ha habido avances, el camino hacia la igualdad de oportunidades aún es largo.
Afortunadamente en la industria de la publicidad y el marketing, los indicadores muestran señales alentadoras: la participación femenina alcanza un 49% y un 58% entre quienes toman decisiones desde el lado del cliente (Barómetro del Marketing, 2025). Estos espacios se han ganado con desempeño, preparación y resultados consistentes, demostrando que el talento femenino no requiere concesiones, sino oportunidades.
El desafío futuro no consiste únicamente en aumentar cifras por cumplimiento normativo, sino en redefinir el liderazgo. Que las posiciones estratégicas no estén determinadas por el género, sino por la capacidad de decidir con información y empatía; de impulsar resultados sin descuidar la calidad humana; de competir en el mercado mientras se fortalece la colaboración interna.
El liderazgo femenino no busca privilegios. Busca condiciones justas para desplegar talento, tomar decisiones estratégicas y construir organizaciones más equilibradas, innovadoras y resilientes.
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