Columna de Rodrigo Farcas, Co-Founder & CEO Postedin
Durante años construimos nuestras estrategias de venta y conversión sobre el mismo esquema: awareness, consideración, decisión, lealtad. Ajustamos métricas, herramientas y presupuestos, pero el modelo conceptual que guiaba cada etapa del proceso de compra se mantuvo intacto.
El problema es que el funnel que se utiliza para diseñar las estrategias de marketing parte de una premisa que ya no es del todo cierta: que el humano controla cada etapa del proceso de compra.
Hoy el paradigma está cambiando. La inteligencia artificial no solo asiste la experiencia. Está empezando a liderarla.
El modelo clásico funcionaba porque el consumidor era el agente activo en todas las etapas.
Primero conocía la marca, generalmente a través de publicidad tradicional o contenidos pagos. Luego pasaba a la consideración, investigando en buscadores como Google, comparando alternativas, leyendo reseñas. Finalmente tomaba una decisión deliberada. La lealtad se construía después, con campañas de email o programas de fidelización.
En ese contexto, el marketing competía por atención y por preferencia. La marca debía persuadir directamente a la persona.
El funnel era lineal, y la influencia estaba distribuida entre múltiples estímulos.
Ese modelo todavía está vigente, pero ya no resulta suficiente para explicar el panorama actual.
Hoy estamos en una fase de transición. La IA dejó de ser una herramienta complementaria y se convirtió en mediadora activa entre la marca y el consumidor.
En awareness, el usuario no solo ve anuncios: recibe resúmenes generados por asistentes conversacionales como ChatGPT o Gemini.
En consideración, no revisa diez resultados: recibe una shortlist ya filtrada y priorizada por un sistema que interpreta contexto.
En decisión, la IA reduce fricción con recomendaciones contextuales, comparaciones automatizadas y sugerencias en tiempo real.
En lealtad, la personalización ya no depende exclusivamente de segmentaciones manuales; los modelos ajustan mensajes y ofertas dinámicamente según comportamiento.
Lo relevante no es la presencia de la IA, sino su influencia cada vez mayor en el procesamiento de las opciones.
En este contexto, el estudio “AI-Powered Personalization in E-Commerce” muestra que las recomendaciones algorítmicas pueden incrementar significativamente la intención de compra, pero la variable mediadora clave es la confianza: son los niveles de confianza del consumidor los que convierten las sugerencias de la IA en comportamiento efectivo (Advances in Consumer Research, 2025).
Esto indica que cuando los usuarios perciben la IA como confiable y sus recomendaciones como relevantes, aumenta su predisposición a comprar a través de estos canales; sin embargo, esa misma confianza puede erosionarse cuando la personalización se percibe como excesiva o intrusiva.
No solo facilita la decisión; modifica la forma en que se evalúa la información.
Esto cambia el peso relativo de cada etapa del funnel.
El paso siguiente ya no es teórico.
Estamos entrando en una fase que algunos investigadores denominan agentic commerce: escenarios en los que agentes inteligentes no solo recomiendan, sino que negocian, seleccionan y ejecutan transacciones con mínima intervención humana.
Aquí el cambio es cualitativo.
La IA puede:
En este escenario, el funnel deja de estar centrado en el humano como único decisor. La agencia se distribuye.
El consumidor ya no evalúa cada alternativa manualmente. Supervisa un sistema que decide por él en función de parámetros previamente definidos.
Es cierto que, en última instancia, la responsabilidad legal y emocional sigue siendo humana.
Pero eso no significa que el proceso cognitivo también lo sea.
Cuando un usuario acepta recomendaciones automáticas, delega comparación y priorización. Cuando activa compras recurrentes gestionadas por sistemas inteligentes, cede parte del control operativo. Cuando confía en una shortlist generada por IA, reduce su exploración activa.
La autonomía del consumidor no desaparece. Se transforma.
Y desde el punto de vista estratégico, esa transformación altera dónde debes competir.
Si la IA empieza a intervenir en cada etapa del funnel, la prioridad ya no puede limitarse a optimizar puntos de contacto humanos. Vale la pena preguntarse:
En un funnel mediado por IA, la relevancia no depende únicamente de atraer tráfico. Depende de ser seleccionado por un sistema que sintetiza opciones.
Eso obliga a fortalecer datos estructurados, consistencia factual, arquitectura semántica y experiencia post-clic optimizada para automatización.
También exige revisar medición. No basta con analizar conversiones directas. Debes entender en qué medida la marca aparece dentro de recomendaciones generadas o flujos automatizados.
No estamos hablando de un escenario hipotético a diez años.
La adopción de asistentes de compra basados en IA está creciendo en entornos de e-commerce. En este caso, un estudio de la revista Future Business Journal muestra que cuando estos sistemas proporcionan respuestas personalizadas basadas en las preferencias del usuario y sus interacciones previas, reducen la carga cognitiva al presentar información relevante y contextualizada (Nature, 2025).
Las experiencias híbridas (humano e IA) ya impulsan personalización avanzada en múltiples industrias.
Al mismo tiempo, los informes y regulaciones de distintos entes (Unión Europea, OCDE, NIST, UNESCO, World Economic Forum) advierten sobre riesgos: sesgos algorítmicos, sobreautomatización, pérdida de supervisión humana. Es decir, el fenómeno es lo suficientemente real como para que ya tenga debates regulatorios y académicos.
Cuando una tecnología empieza a generar discusión ética, es porque dejó de ser experimental.
Este nuevo escenario no elimina la función del marketer. La redefine.
Ya no se trata solo de persuadir personas. Es diseñar entornos donde humanos y sistemas inteligentes interactúan.
Eso implica:
El error sería pensar que esto se resuelve agregando un chatbot al sitio. El cambio es más profundo: afecta arquitectura de datos, estrategia de contenidos y modelos de atribución.
El funnel no desapareció. Evolucionó. Pasó de ser humano-céntrico a híbrido. Y en algunos casos empieza a inclinarse hacia modelos donde la IA asume tareas decisorias.
La pregunta no es si esto ocurrirá en una industria. Es cuándo alcanzará un nivel donde afecte significativamente las conversiones.
Si sigues pensando el proceso de compra como una secuencia exclusivamente humana, estás operando con un mapa incompleto. El desafío no es resistir la intervención de la IA. Es entender que, en muchos casos, ya está decidiendo más de lo que crees.
Fuentes de información (URLs) (13)
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